martes, 28 de marzo de 2017

El obstáculo más grande


Había una vez, una camisa suya colgada en mi closet, pero que ahora me sirve de pañuelo en ésta fría mañana. Con cada paso que doy en dirección a la universidad, sólo puedo pensar en que su conversación, por primera vez,  desapareció de mi inicio de whatsapp. Pero es su culpa, él no me entiende, y fue él quien decidió todo, entonces  él debe ser quien me escriba… ¿o no? La voz de mi directora me saca de mis pensamientos, y me preparo para otro sermón por contestarle a un profesor.

Pensé haberte dejado bastante claro que enfrentarte a un profesor nunca es la manera.

No sabía que decirle una verdad en la cara a alguien era enfrentarlo. Pensé que se llamaba honestidad-contesto, sacando mis audífonos y comenzando a desenredarlos.

Sí, pero sabes que no todo el mundo está dispuesto a recibir críticas. Tu nombre es el más sonado en cada consejo de profesores. ¿Podrías, aunque sea por un día, quedarte callada e ignorar las palabras con las que no estés de acuerdo? Aunque sea intentarlo, ¿por favor?Exclama juntando sus manos como si elevara una plegaria al cielo.

Puedo intentarlo… pero no prometo nada. A mí nadie me gana una discusión.-Respondo tajantemente antes de colocarme mis audífonos y darme media vuelta,  preparándome para ignorar el mundo… justo como él me ignora a mi.

Al entrar al salón y sentarme, sé que el profesor me mira con desaprobación, en parte por llegar tarde, en parte porque quiere que me quite los audífonos. Pero no lo haré, hoy no tanto por rebeldía, sino porque sólo tengo ganas de acostarme en mi pupitre y escuchar nuestra canción una y otra vez, y de que sea él quien interrumpa la clase y no alguien más llegando tarde. Si todo iba tan bien, ¿Qué había sucedido que causaba todo esta tormenta? Si cada día soy más perfecta  ¿por qué me dejaba? Noté que mi amiga  me hacía señas con la mano para que le prestara atención, así que me quito los audífonos de mala gana.

¿Qué quieres?

Si no fuera porque en todas las clases tienes esa misma cara de desinterés, me preocuparía de verte así-Dice mientras me sacude, para ver si me enderezo y me uno a lo que ella llamaría “una buena conversación”, pero sencillamente no tengo ganas¿Entonces? ¿Qué pasó entre ustedes?

Pasó que sólo me dijo que hablaríamos hoy.

¿Y ya? ¿No te escribió más?

No. No le respondí siquiera-digo en un intento de parecer orgullosa de mi acción, pero en realidad me carcome la culpa de no haberlo hecho…

Excelente chama. Que te escriba él, ya que tanto quiere hablar.-Y estas frases que antes me daban risa, y a las que respondía irónicamente dándolas por verdaderas, hoy me hacían querer llorar y tener muchas dudas.-Es más, yo que tú, ni siquiera lo veria hoy. Él no te puede contestar mal.

Yo le contesté mal primero-Digo intentando dilucidar si hice bien o mal

Pero él tiene que entender que tú te molestas, eso es normal. Él no puede molestarse por una reacción tan natural, y hasta cotidiana

Cotidiana… ¿y ésta que me quiere decir? Estaba a punto de pararme y sacarle los trapitos al sol a relucir, cuando su colonia invade el lugar. Me incorporé  y lo ví en la puerta. Ha estado llorando. Lo noto. Olvidándome de todos y con un nudo en la garganta, agarro mi mochila y salgo. Se produce un silencio entre nosotros, ni siquiera nos miramos.

Creí que querías hablar-Digo suavemente

Eso depende de que tan mal me contestes

Eso depende de cuanto tenga que esperar para que me escribas

¿Y no puedes hacerlo tú? ¿Tanto te lastima demostrar interés? ¿Tanto te cuesta analizar, aunque sea un segundo, si vale la pena molestarte por todo? ¿Tanto te incomoda no tener la razón?-Con cada interrogante pude ver una lágrima correr por su mejilla.No puedo seguir así… Lo siento, pero no. Esto ya ni siquiera es sano para alguno de los dos. Por favor… sólo entrégame lo que te pedí.

La razón por la que no reventé en lágrimas en ese momento, es un misterio resuelto sólo por Dios.

Pero… ¿y si cambias de opinión?- Pregunté con el único dejo de esperanza y de voz que me quedaban. Sentía una opresión en mi pecho cada vez más fuerte. Tenía el impulso de saltar a sus brazos, pero a la vez de alejarlo por hacerme esto.

La que tiene que cambiar eres tú

Había una vez, una camisa suya colgada en mi closet, que ahora se alejaba por el pasillo, junto con él.
 -Vettel Lesser

https://soundcloud.com/user-860072885/el-obstaculo-mas-grande

miércoles, 22 de marzo de 2017

De la vanidad a la guerra

Diálogo

Personajes: La Rosa/El Principito. Cinna/Los juegos del hambre.

La hermosa Rosa apenas llevaba unos días sin el Principito, y ya se sentía bastante sola. Estaba secándose, se sentía bastante débil y ya no poseía a nadie con quien hablar, a nadie que la admirara. De repente, escuchó unos pasos que se dirigían a ella, emocionada y pensando en el regreso del Principito, comenzó a arreglar sus pétalos.
-Yo aconsejaría acudir a un estilista, antes que enrularlos – Dijo un hombre, que acababa de detenerse justo frente a la rosa.
-Y yo aconsejaría que no te estés metiendo donde no te llaman, no sabes tratar a una dama-contestó la Rosa, tan ofendida por el comentario, que pasó por alto que hablaba con un desconocido.
-Te equivocas, sé perfectamente cómo hacerlo. Lo que cambia aquí es que tú no eres una dama.
-¿Cómo te atreves? Si yo soy delicada, hermosa, brillante...
-Y vacía. Perfectamente podrías vivir en el Capitolio.
-¿Capitolio? ¿Qué es eso? ¿Otro asteroide?
-Podría serlo, dada la gente que vive ahí… Pero solemos decir que es una ciudad, una ciudad tan plástica como luces y de sonrisas tan sinceras como las de una roca-Responde el hombre, antes de quedarse mirando el infinito.
-Luces melancólico… ¿quién eres? ¿Necesitas también una campana de cristal?
-Creo que el término “era” podría ser más adecuado, pero de cualquier modo, soy Cinna. Y no, no necesito una campana de cristal, necesito saber que mi chica en llamas está bien.
-¿En llamas? ¡Pero debe ser peligrosa!
-No del todo… Es impulsiva, pero en realidad no es más que una chica con miedo y con demasiadas cargas que llevar. Es una verdadera guerrera… Es mi única apuesta.
-¿Y por qué no está contigo? ¿También te abandonó?
-Porque ella tiene un propósito más altruista e importante que el mío… Yo sólo me encargué de prepararla. Y no. Nadie ha abandonado a nadie. Ni ella me abandonó, pues me enseñó que soy más de lo que el mundo esperaba, más de lo que hubiera soñado ser; ni yo la abandoné a ella, pues seguiré cuidándola a lo largo del camino; ni el Principito te abandonó.
-Claro que si… Me dejó sola. No me ama.
-¿No te ama? ¿Crees que un hombre se iría a recorrer el universo, sólo para entender una Rosa, si no la amara?
-¿Entenderme? ¡Pero si yo necesito es que él esté aquí!
-¿Y alguna vez se lo dijiste? ¿O estabas tan concentrada en conseguir aún más de su atención, que lo olvidaste?
-No lo entiendo… El amor es atender a alguien. ¿Cómo puede amarme, si no está aquí atendiéndome? ¿Cómo puedes amar a tu chica en llamas, si no está aquí atendiéndote?
-Porque al no notarte siquiera conforme, fue a buscar entenderte, para poder cuidarte, protegerte y hacerte feliz. La amo, porque fue la amiga que me hizo perder el miedo; porque me hizo ser más fuerte de lo que jamás creí, cada vez que debía fortalecerla a ella; porque así como ella encontró miles de cualidades en mí, a pesar del lugar de donde vengo, yo también encontré en ella miles de virtudes, a pesar de lo que solían contarme.  La amo, aunque no esté aquí conmigo, porque el amor no sólo es atención, es conocimiento, es entrega, es unión. La amo porque es la única en la que confío para salvar Panem, y sé que, por ella, valía la pena morir.
La Rosa guardó silencio un largo rato.
-¿Y tú? ¿Alguna vez se lo dijiste? ¿Que la amabas?
-Hice algo mejor. Se lo demostré.
-El amor también es valorar lo que hacen por ti…

La Rosa miró el suelo y recordó cuantas veces no le dijo un simple “gracias” al Principito por cuidarla. Se dió cuenta de que toda la belleza que poseía es porque él la hacía bella, él la hacía especial. Cuando se volteó hacia Cinna para agradecerle su compañía y su conocimiento, éste había desaparecido…

El viaje

Ella sentía sus pulmones llenándose de humo. Apenas se había percatado de la explosión, no había tenido tiempo de correr o de gritar. Comienza a desesperarse. No puede ver nada, no logra hablar, cada vez le cuesta más respirar. Escucha unas sirenas a la distancia, o al menos eso espera, no logra distinguir bien ese sonido, hay un pitido ensordecedor que lo abarca todo. 

En ese momento el metro frena y la chica despierta de su letargo. Las puertas del vagón estaban cerrando. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

La Coupe



El chico corrió con todas sus fuerzas hasta el teléfono público de la estación de metro, hacía meses que no utilizaba su tarjeta de crédito, y sólo rogaba que tuviera fondos aunque sea para una llamada. Hurgó en sus bolsillos y consiguió el pedazo de papel que aquel muchacho había arrancado, y mientras marcaba el número, se arrepintió de no haber tomado más en serio sus lecciones de francés.

Repica el teléfono. “Debí aprender a decir ‘sólo inglés’ ´por lo menos. Repica el teléfono. “¿Qué era eso que me dijo del Jazz? ¿Le gustaba o aterraba?”. Repica el teléfono. “Deberían existir subtítulos en nuestras mentes. Para que cuando alguien te hable en otro idioma, puedas responder”. Al cuarto repique, suspira y, cuando sus manos se encuentran a centímetros de colgar el teléfono, escucha una voz.

-¿Aló?

-¿Aló? ¡Aló!-Dijo intentando imitar un acento francés

-¿Tú?... Yo sabía que si había algo importante, algo por lo que debía hablarte


-Escucha… Yo…-Balbuceó en el poco francés que sabía. ¿Por qué no había pensado en una conversación?

-Bueno, al menos son más que dos palabras. Es más de lo que logré antes.

-Ammm... ¿Inglés? ¿Hablas inglés?-Sabía que acababa de inventar un nuevo idioma, pues eso no era francés, ni terminaba de ser inglés-

-¿Americano, uh? Todo encaja… Debe haber sido bastante intrigante verme decir todas cosas con un copa de vino, mientras deambulaba a tu alrededor y te miraba… o inquietante, dependiendo de cómo lo veas… o en que creas.

Se produjo un silencio.

-Interesante-contestó, pues era lo único que había entendido de aquel parloteo en francés; pero aún sin saber que era, todo lo que él dijera, le parecía interesante.

-¿En qué crees entonces?-Dijo pausadamente, en un inglés bastante pobre.

Se escuchó de fondo la operadora indicando que la llamada estaba por terminar. ¡Idiota! ¡No había casi saldo en la tarjeta!

-Almas gemelas. ¿No habías preguntado algo así? Almas gemelas, creo en las al…

Un tono indicó que la llamada había finalizado.

-Almas gemelas…

Colgó. Puso el brazo sobre el teléfono y apoyó su cabeza en él. Se sentía en desventaja. No sabía nada de él, apenas y tenía su número… No hablaba el mismo idioma que él, a pesar de que debería hacerlo… ¿Cómo encontrar a alguien que no conoces?

El metro había llegado a la estación. Y debía volver al trabajo. Antes de retirarse, el teléfono sonó. Lo dejó repicar un par de veces antes de decidirse a atender.

-¿Aló? ¿Con quién desea hablar?-Irónicamente, era una de las pocas frases que sí sabía.

-Esa es sin duda una buena pregunta… Tengo en mis manos un viejo y confiable diccionario de inglés… ¿Te animas a una charla más larga? Quizás… ¿en un café?-Pronunció esa suave voz, en un inglés bastante improvisado.

Sonrió aliviado.

–Me encantaría…

Inspirado en La Marisma (Le Marais) del director norteamericano Gus Van Sant, en Paris Je t'aime, 2003.


-Vettel Lesser

viernes, 3 de marzo de 2017

El reflejo de una inocente


Había una vez una historia
sobre una bella y pequeña muñeca
cuyos cabellos eran zanahoria
y adoraba una biblioteca.

Esta muñeca siempre fue diferente
veía fantasía en todos lados,
ésto la hacía la burla de la gente
pues todos estaban contaminados.

Ésta criatura rebozaba inocencia,
hasta que un día se volvió violenta.
Todos la vieron con aborrencia
 creyeron que sería una etapa turbulenta.

Pero tras ese carácter de mierda
un gran secreto se escondía
pues ella había sido agrietada
y de su debilidad se arrepentía.

Se acostumbró a alejar a la gente
en persona alguna ella confiaba;
nadie había sido su oyente
así que poco el mundo le importaba.

Sólo una persona conocía
la desgracia aquel día ocurrida
y era quien fuerza le infundía
para que recuperara la alegría perdida.

Nuestra pequeña sus oídos comenzó a cerrar
aprendió que a la gente le falta elocuencia.
Su pasado comenzó a enterrar
y de literatura llenó su existencia.

La muñeca encontró su camino
el más inesperado y criticado,
pero a ella le importó un comino
sabía que a su hogar había llegado.

Ahora brillaba por su inteligencia
ya no debía ser una marioneta.
Estaba en paz con su conciencia
y con él a su lado se sentía completa.

Rimar no era su mayor fortaleza,
prefería narrar con fantasía
pues ahí con delicadeza
plasmaba su vida sin controversia.

Este breve relato os lo cuenta
alguien que quiere mucho a esa muñeca
y que usa esto como herramienta
para que el mundo lo sepa.

-Vettel Lesser