Esa curva se forma entre dos montañas, ya sean altas o bajas, y se extiende como un valle, como un puente sobre un río. Esa curva suele ser también puerta. Y por esa puerta puede salir odio, fantasía, amor, dolor, desesperación, cualquier emoción humana; y puede salir en un volumen muy alto, bajo, casi inaudible, sonoro.
Y esa curva puede experimentar cambios. Cambios que pueden ser ocasionados por una persona. Y esa misma curva que una vez fue débil, va haciéndose fuerte, aparece cada vez que la otra persona está cerca, y comienza a ser recurrente que, con sólo pensarla, también sucede. Y cada día aparece más, y brilla más, y a veces desaparece un rato, sólo para volver más fuerte, más sabia, más sencilla y brillante.
Y llega un momento en que eso es todo. En que esa curva en ti sólo la produce ESA persona, sucede que te das cuenta de cuanto bien y cuanta paz te trae, sucede que sólo quieres estar con esa persona, sucede que te enamoraste, no sólo de su presencia, sino de lo que causa en ti. Sucede que amas levantarte, sucedes que TE amas.
Y esa curva en esa persona se convierte en tu todo. En el inicio, en el desarrollo, en el final inexistente, en la meta, en el sueño, en el premio, en tu utopía. Porque hay una parte de ti que sólo quiere retribuirle a esa persona todo el bien que te ha hecho, todo el amor que te ha dado, y toda la felicidad y plenitud que te ha brindado.
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