Resulta que el viaje al aeropuerto es mucho más corto cuando
tu país está en guerra.
Cuando yo tuve la oportunidad de viajar, el trayecto parecía
infinito y las colas eternas; pero asumo que cuando el 90% de la población está
buscando desesperadamente comida y no pasaje, pues no hay motivos para tal
tardanza. También, cuando viajé, la cola para las maletas era infinita y tardó
horas, al igual que la de emigración, pero esta vez todo sucedió en un
parpadeo. Así que cada instante que creí que tendría con él, terminó
desvaneciéndose o durando un segundo.
Y nueve años de amor y dos años de relación, terminaron
reducidos en un par de abrazos llenos de lágrimas y un último beso corto y
apresurado. Despedirse en el aeropuerto apesta, al igual que tener que subir
todo un piso, mientras sigues moqueando, sólo para pagar el estacionamiento, y
luego caminar bajo un sol insufrible con tus pestañas como limpiaparabrisas de
tus lágrimas. Pero saben cuál es la peor parte? Llegar a casa. Ahí es cuando te
cae el veinte*, ahi te das cuenta de todo lo que acaba de pasar, de que es el
"hasta luego" más doloroso que dirás.
Bajar sus cosas fue otro golpe bajo, ya que el hecho de
tenerlas yo, significa que él no está. Otro lindo recordatorio. A duras penas
logré poner todo en cajas, que luego deberé mandarle. Veo mi closet y me digo
que debo empezar a hacer una limpia, pues no podré llevarme todo. Ojalá consiga
una asociación a la cual donarla. Pero otro día, no hoy. Con las pocas fuerzas
que me quedan, me pongo la camisa que especialmente me entregó junto con su
colonia y me tiro en la cama.
Comienzo a contar los días que faltan para vernos y al
llegar al cien, ya ni ganas tengo. La cuenta se detiene en 170. Así que
dispongo de aproximadamente 4080 horas para poner mis asuntos en orden y
decirle hasta luego a mi país. Prendan una velita para que no comience ese
proceso cuando falten 48.
Mi día termina conmigo llorando, comiendo chucherias,
bebiendo refresco con mi mamá y viendo csi, para no dormirme y esperar la
confirmación de que llegó, pues como buena cobarde, he visto demasiados
episodios de Catástrofes Aéreas como para dormir tranquila.
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